“…la pamema del “pacto fiscal”, pacto que ahoga, esconde y difumina cualquier atisbo de autocrítica convergente a su propia gestión y, lo que es más sorprendente, desarma cualquier oposición del PSC a la política económica del gobierno nacionalista; el otro tema realmente lacerante es la obsesión del “subgrupo” socialista catalán en el Congreso nacional, ¿nadie en el PSC se ha preguntado por qué los principales interesados en dividir al socialismo español son precisamente los nacionalistas de CiU?…”
Quizás será porque los socialistas catalanes cerraron en falso su congreso, o quizás porque siguen condicionados por ese complejo de inferioridad catalanista, o quizás teman verse silenciados por el potente entramado mediático tejido por el nacionalismo catalán, pero, aun así, resulta sorprendente cómo la dirección del PSC sigue acríticamente –aunque para ser sinceros, hay voces discordantes dentro de este partido– el relato político urdido por CiU hasta el punto que es difícil distinguir entre los intereses, proyectos y preocupaciones de ambos partidos.
Los dos ejemplos más lacerantes de lo descrito más arriba lo encontramos en la pamema del “pacto fiscal”, pacto que ahoga, esconde y difumina cualquier atisbo de autocrítica convergente a su propia gestión y, lo que es más sorprendente, desarma cualquier oposición del PSC a la política económica del gobierno nacionalista; el otro tema realmente lacerante es la obsesión del “subgrupo” socialista catalán en el Congreso nacional, ¿nadie en el PSC se ha preguntado por qué los principales interesados en dividir al socialismo español son precisamente los nacionalistas de CiU?…
Pero ¿cómo podrían los socialistas marcar un perfil político claramente diferenciado en la arena política catalana?, pues sería tan sencillo como volver a las esencias socialdemócratas, a la sensibilidad social, a la denuncia a unos recortes sociales profundamente ideológicos, a la defensa de los problemas de subsistencia de un número mayor de catalanes; también podrían denunciar la falta de calidad de la democracia en Cataluña, la obsesión de de CiU por controlar el relato y transformar (cueste lo que cueste, con dinero público, claro) el imaginario colectivo, o las tremendas subvenciones a medios de comunicación privados, o el mantenimiento de costosas e irrentables infraestructuras ideadas para la exaltación nacionalista…
José Rosiñol Lorenzo



